2.3.10

Abuela

Una abuela es un ser tierno dedicado a satisfacerle los caprichos a sus nietos, y la mía cumplió con creces: hasta me dio cigarros cuando tenía 7 años. Siempre supo hacerme demostraciones de su amor. Una vez íbamos en el asiento de atrás de un Fusca al que en plena ruta se le salió una rueda. Instintivamente se hizo un ovillo arriba mío para protegerme por si volcábamos. Otra vez vino un doctor a casa a darme una inyección. Espantado, corrí y me escondí abajo de la cama de mis padres. Mi abuela se agachó, tanteó con una mano hasta que encontró un brazo o un pierna y me sacó de mi escondite de un tirón. Hoy le retribuyo en todas las reuniones familiares: soy el encargado de ponerle whisky a su Coca Cola cuando nadie está mirando.

18.1.10

Ojotas

Había algo en el viejo que caminaba por la orilla, en la zona en que las olas se hacen espuma y el agua apenas acumula unos centímetros de altura; tal vez su paso cansino o la forma en que le colgaban los brazos, desproporcionadamente largos, imagen que se acentuaba gracias a gigantesca casaca de basquetbolista que usaba; tal vez el secreto estaba en cómo cargaba sus ojotas, sosteniéndolas descuidado con apenas dos dedos; tal vez era su cabeza gacha y los ojos que sólo abandonaban el piso para otear el mar, pero el conjunto hacía suponer que quería que la resaca lo llevara y que lejos de oponer resistencia se dejaría flotar dócil, pleno de tranquilidad.

15.1.10

Tema libre: el amor

Descripción parcial: El amor es un sentimiento sobrevalorado por quienes se aterrorizan ante la idea de estar consigo mismos. De esta forma, pierden libertad.

14.1.10

Asado, pulpón, morcillas y chorizos

Diálogo escrito en un contenedor de residuos en Valizas, Uruguay:

-Somos lo que comemos. Se vegetariano.
-Yo soy de carne ¿y vos?

2.1.10

Cepillo de dientes

Nos vimos una vez. Dos veces. A la tercera me dijo que podía dejar mi cepillo de dientes en su casa. No hubo cuarta vez.

24.11.09

Bar Las Flores

Es de poco hombre pedir fainá del medio.

15.11.09

Quince flores nuevas

La fiesta tenía su origen en ella, la niña de blanco, esa a la que le harían un cortejo y le cantarían Quince Primaveras. Su deseo de fiesta y de vals se había gestado a lo largo de los años, gracias a los relatos de su madre que solía evocar su propia fiesta de 15, cuando todavía le brillaban los ojos. En cada recuerdo, Madre solía agregar un dato, una pincelada más para resaltar lo que había sido la noche en que el hada madrina la había sacado de la vida de monoblock para depositarla en el mundo de la realeza.

Hija Quinceañera tenía su origen en esa que no fue princesa, que se casó con un vecino con el que soñaron salir de la colmena de cemento. Ese vecino era el que consiguió ese puesto administrativo que le daba la tranquilidad de un empleo para toda la vida, la base para progresar y comprarse una casa, que a su vez era garantía de vivir sin nadie haciendo ruido en el techo o sin preocuparse de arrastrar un mueble porque al vecino de abajo le molestaba.

La llegada de Hija demoró unos años, los suficientes para que el espermatozoide se formara en una silla de escritorio, entre tejidos adiposos y sedentarismo mental. El mismo tiempo le llevó al óvulo convencerse de que si no pensaba en que seguía lejos de la realeza, estaría más cerca de lograrla. Ese espermatozoide y ese óvulo se fusionaron con expectativas incluidas, con sueños de hija enfermera, deseos de un yerno de buen pasar y cuatro nietos.

Esta noche, 15 años después, Madre vuelve a sentirse princesa. Padre, mientras mastica con la boca abierta, controla que los mozos sirvan suficientemente a su jefe. Hija, sin notarlo, comienza a despreciarlos.