18.5.09

Plebiscito III

Las frecuencias de ómnibus aumentaron y la estación decidió contratar a otro empleado. Así los encargados de los surtidores pasaron a ser dos. Uno trabajaba de dos de la mañana a dos de la tarde y el otro las restantes doce horas del día. Los negocios prosperaron para todos. Incluso el Tambero pudo construirse un ranchito de su lado de la ruta.
El empleado nuevo de la estación no estaba cómodo conviviendo en la misma pieza con el empleado antiguo. Enterado de la estrategia del Boina para hacerse traer los materiales, le ofreció a los conductores limpiarles los vidrios gratis a cambio de que le hicieran la misma gauchada a él. Un día, comiendo tortas fritas en el almacén y bar comentó que le resultaba agotador vivir y trabajar en el mismo sitio. “Uno no puede desenchufarse nunca”, dijo. Apenas pudo, se construyó una pieza del otro lado de la ruta, a unos 50 metros del Tambero y con otro tanto de retiro: “así duermo sin que me moleste el ruido del tránsito”, explicó.
Estadísticamente, el crecimiento del pueblo era impresionante: ya tenía tres casas, la estación, los baños y el almacén y bar.

No hay comentarios.: